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La
economía de la Iglesia: interrogantes y respuestas
Ante la confusión suscitada en los medios
comunicación social en relación con la economía
de las instituciones de la Iglesia, el Secretario Técnico de
la Gerencia de la Conferencia Episcopal Española aclara los siguientes
interrogantes:
¿Se puede hablar
de la Iglesia como un organismo que administra conjuntamente sus bienes?
Esta afirmación es, sin duda, una de las mayores
equivocaciones que se cometen a la hora de hablar de la Iglesia. Desde
el punto de vista administrativo y jurídico, no existe la Iglesia
como un ente único que gestiona todo el patrimonio eclesial.
Lo que existen son las instituciones de la Iglesia (diócesis,
parroquias, Órdenes y congregaciones religiosas, asociaciones,
fundaciones, etc.) Son más de 40.000 instituciones en España.
Cada una de ellas funciona con su propio estatuto económico y
autonomía, de acuerdo con su naturaleza y las normas de Código
de Derecho Canónico.
¿Son las diócesis
españolas sucursales, desde el punto de vista económico,
de una entidad superior?
Pensar que las diócesis son sucursales de la
Conferencia Episcopal es desconocer totalmente la legislación
y la organización de la Iglesia. Cada diócesis actúa,
en el plano económico, de manera independiente, sin tener que
rendir cuentas o ajustarse a normas que no sean las del Código.
¿Por qué
el Estado colabora económicamente con la Iglesia?
El 3 de enero de 1979 el Estado Español
y la Santa Sede firmaron una serie de Acuerdos. Entre ellos está
el Acuerdo sobre Asuntos Económicos, que establece los mecanismos
de colaboración del Estado con la Iglesia. Se trata de un Tratado
Internacional entre dos Estados, refrendado por la Cortes Españolas
y firmado una vez entrada en vigor la Constitución. Por tanto,
el actual mecanismo de colaboración con la Iglesia no obedece
a un capricho de un Gobierno, sino que se ajusta a un compromiso de
carácter legal, de acuerdo con los artículos 93 a 96 de
la Constitución Española.
¿Cómo y
cuánto dinero entrega el Estado a la Iglesia?
Los propios Acuerdos establecen la cuantía y
fijan un mecanismo basado en lo que hoy conocemos como asignación
tributaria. Es incorrecto afirmar que el Estado es el que subvenciona
a la Iglesia. La ayuda se recibe a través de la asignación
de cada uno de los declarantes del IRPF. La ineficiente instrumentación
técnica de la asignación, establecida unilateralmente
por el Gobierno, es la que provoca el que el Estado tenga que completar
la cuantía para cumplir sus compromisos establecidos en los Acuerdos.
Actualmente, de acuerdo con la ley de Presupuestos del Estado de 2001,
el Estado entrega a la Iglesia un total de 1.812 millones de pesetas
mensuales.
¿Quién recibe
ese dinero, y cómo y cuándo se distribuye?
El dinero lo recibe la Conferencia Episcopal, quien
lo reparte a distintas instituciones de la Iglesia, fundamentalmente
a las 67 diócesis españolas. Los criterios son aprobados
por la Asamblea Plenaria de obispos y los datos del reparto son públicos,
ya que se presentan anualmente en rueda de prensa. La Conferencia Episcopal
entrega mensualmente el dinero a las diócesis, el mismo día
que recibe la transferencia bancaria. Asimismo, la Conferencia cumplimenta
todas las obligaciones legales derivadas del sistema, y entrega Memoria
justificativa del reparto en la Dirección General de Asuntos
Religiosos, dependiente del Ministerio de Justicia. Las congregaciones
religiosas no participan de dicho reparto.
¿Cuáles
son las fuentes de financiación de una diócesis?
Las diócesis españolas obtienen recursos
económicos a través, básicamente, de tres vías:
la primera y fundamental es la aportación directa de los fieles
(donativos, suscripciones periódicas, etc.) Una segunda vía
la constituyen los fondos recabados de Administraciones públicas,
como es la dotación estatal. Por último, existe una tercera
vía, derivada de la gestión adecuada de su propio patrimonio.
¿A qué fines
destina la Iglesia sus recursos?
Los bienes de las instituciones de la Iglesia están
destinados al cumplimiento de sus fines que están claramente
identificados en nuestro ordenamiento: el mantenimiento del culto (conservación
de más de 20.000 parroquias y construcción de nuevos templos),
el sostenimiento del clero (20.000 sacerdotes en la actualidad), el
ejercicio del apostolado (es decir, el anuncio y la predicación
de la Fe) y el ejercicio de la caridad (lo que algunos denominan la
acción social de la Iglesia).
¿De dónde salen los dineros
que las instituciones de la Iglesia tienen invertidos? ¿No se
podrían utilizar en beneficio de los pobres?
Es éste el punto donde la demagogia actúa
con mayor fuerza. Los recursos invertidos provienen, fundamentalmente,
de dos vías: por una parte, muchos resultan ser el capital permanente
de fundaciones, cuyo funcionamiento depende del rendimiento de dichos
capitales. Por ejemplo, a través de una herencia se constituye
una fundación con 500 millones para que, mediante sus rendimientos
(pongamos 30 millones al año), se pueda realizar una determinada
actividad pastoral o social. En consecuencia, el capital constituido
no puede ser aplicado a otra finalidad que no sea la fundacional.
En otros casos, los recursos se encuentran transitoriamente
en la Administración diocesana para hacer frente a distintas
inversiones (construcción de templos, residencias, centros de
formación, etc.), o para atender obligaciones futuras (por ejemplo,
en el momento de la jubilación, los sacerdotes únicamente
perciben la pensión mínima fijada por ley).
En consecuencia, dada la naturaleza de los fines para
los cuales están destinados los recursos económicos, es
obligación de los ecónomos o administradores gestionar
con diligencia los recursos que administran, buscando su adecuado rendimiento,
siempre conforme a la legalidad y de acuerdo con los principios básicos
de la moral católica. Así es como se viene funcionando.
Fernando Giménez Barriocanal
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"Los
bienes de las instituciones de la Iglesia están destinados
al cumplimiento de sus fines: el mantenimiento del culto, el sostenimiento
del clero, el ejercicio del apostolado (es decir, el anuncio y la
predicación de la Fe) y el ejercicio de la caridad".
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