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Las
Iglesias cristianas piden por escrito a la Convención «libertad
de religión» en la Unión Europea
Enrique Serbeto. Corresponsal
La Comisión de Episcopados de la
UE y países candidatos y la Conferencia de Iglesias Europeas,
que engloba a católicos, protestantes y ortodoxos, autores del
texto
BRUSELAS. ¿Es la Unión Europea
un «club cristiano»? La cuestión está más
que nunca en el centro del debate en Bruselas, ahora que se están
dando los últimos toques al tratado que se convertirá
en la futura Constitución de la Unión. Por ello, los líderes
cristianos de Europa piden que el proyecto acoja expresamente el respeto
a la libertad religiosa y reconozca como interlocutores de la Unión
a las comunidades religiosas.
En una carta redactada por la Comisión
de los Episcopados católicos de la Comunidad Europea (COMECE)
y la Conferencia de las Iglesias Europeas, en la que están representadas
también los protestantes y ortodoxos, se afirma que es necesario
que la reforma institucional de la UE incluya una alusión a la
religión. Aunque no se pide directamente que figure una mención
a la herencia de la civilización cristiana en el preámbulo,
sí consideran que «un tratado constitucional, destinado
a guiar a la Unión a través de los próximos decenios,
y que no haga ninguna referencia a la religión, a las Iglesias
o las comunidades religiosas, dejaría un gran vacío».
El documento, redactado en septiembre por
las dos organizaciones cristianas más importantes de Europa como
aportación a la Convención Europea que preside el ex presidente
francés Valery Giscard D´Estaing, será entregado
también este viernes al presidente de la Comisión, Romano
Prodi, que tiene previsto reunirse con los obispos católicos
que acudirán a la Reunión Plenaria de Otoño de
la COMECE en Bruselas.
Tres puntos claves
Las sugerencias del documento se concentran
en tres puntos, que según se indica podrían aparecer juntos
como diversos párrafos de un «artículo de síntesis
final» o insertados por separado «en el contexto apropiado».
Los tres artículos son los siguientes: «La Unión
Europea reconoce y respeta el derecho de las Iglesias y de las Comunidades
religiosas de organizarse libremente, en virtud del derecho nacional,
según sus convicciones y sus estatutos y de proseguir sus finalidades
religiosas en el respeto de los derechos fundamentales». «La
UE respeta la identidad y la contribución específica de
las Iglesias y las comunidades religiosas y mantiene con ellas un diálogo
estructurado». «La UE respeta y no prejuzga el estatuto
del que gozan, en virtud del derecho nacional, las Iglesias y las Comunidades
religiosas en los Estados miembros. Igualmente respeta el estatuto de
las organizaciones filosóficas y no-confesionales».Este
último punto es el único que tiene ya un respaldo jurídico,
puesto que fue aprobado como declaración anexa al Tratado de
Amsterdam, pero se pretende ahora que sea recogido en una posición
más relevante.
La COMECE ha redactado en solitario varios
documentos destinados a la Convención en los que se recogen aspiraciones
como la «invocación a Dios» en el preámbulo,
aunque también se subraya que a la vista de las sensibilidades
diferentes en cada país (Alemania o Polonia lo incluyen, mientras
que Francia sin embargo declara abiertamente la laicidad del Estado)
se recomienda buscar «un punto común entre las diferentes
tradiciones constitucionales». Giscard se reunió con Juan
Pablo II en el Vaticano el pasado 2 de noviembre y «tomó
nota de las sugerencias y preocupaciones del Papa», que según
fuentes de toda solvencia están «bien reflejadas»
en los tres puntos del documento ecuménico.
La polémica candidatura de Turquía
El debate sobre la identidad religiosa
de Europa se ha mezclado de forma a veces virulenta con la polémica
que rodea la candidatura de Turquía, un país musulmán
donde acaba de llegar al poder un partido confesional islámico.
Giscard es de los que piensan que la entrada de Turquía «sería
el fin de la Unión», aunque oficialmente la Unión
sostiene que la condición religiosa de un país no está
en discusión, sino solamente los criterios de respeto a los valores
democráticos e institucionales comunes.
Ciertos sectores democristianos del Partido
Popular Europeo son los únicos que han apoyado que en la definición
de los valores fundamentales de la Unión aparezcan referencias
religiosas. El Vaticano apoya también una referencia de este
tipo, atendiendo al hecho de que los cristianos son la inmensa mayoría
de los ciudadanos europeos, pero le preocupa más que la nueva
Constitución de la Unión recoja explícitamente
el derecho a la libertad religiosa y la personalidad jurídica
de las Iglesias.
(publicado en el diario ABC, Madrid,
17 de noviembre de 2002)

Principio de subsidiariedad
Por Ramón Pérez-Maura
¿Quién habló de club
cristiano? Las iglesias dejan su única reclamación bien
clara. «Que me quede como estoy». Dése rango constitucional
a la libertad de culto y respétese la legislación de cada
Estado miembro en materia religiosa. Ni la muy laica Francia puede objetar
esta reclamación. Todavía habrá quien diga que
cualquier mención de las iglesias en una carta constitucional
es improcedente, mas habrá que reconocer que las iglesias constituyen
grupos organizados claves en la estructura social europea. Son una realidad
que sólo puede ignorarse con perjuicio para el objetivo final.
Porque una Constitución debe ser el reflejo de los elementos
que componen la sociedad a la que va dirigida.
A partir de ahí, las iglesias cristianas
sólo están pidiendo la plasmación del principio
de la subsidiariedad, ya recogido en el Tratado de Maastritch. Es decir,
que lo que pueda ser resuelto en un nivel inferior de la sociedad -más
cercano a los ciudadanos- no sea asumido por una instancia superior.
Así, las iglesias piden que se respeten las competencias de los
Estados nacionales, fruto de largos años de negociación.
Abrir un debate sobre la posición de la Iglesia en la nueva Europa
probablemente no beneficiase a nadie.
(publicado en el diario ABC, Madrid, 17 de noviembre
de 2002)
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