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Notificación de la Congregación
para el Culto Divino acerca de la comunión en la mano
Congregación
para el Culto Divino
Prot. n. 720/85
Notificación acerca
de la comunión en la mano
La Santa Sede, a partir de 1969, aunque manteniendo
en vigor para toda la Iglesia la manera tradicional de distribuir
la Comunión, acuerda a las Conferencias Episcopales que
lo pidan y con determinadas condiciones, la facultad de distribuir
la Comunión dejando la Hostia en la mano de los fieles.
Esta facultad está regulada por las Instrucciones
Memoriale Domini e Immensae caritatis (29 de mayo
de 1968: AAS 61, 1969, 541-546; 29 de enero de 1973: AAS 65,
1973, 264-271), así como por el Ritual De sacra Communione
publicado el 21 de junio de 1973, n. 21. De todos modos parece
útil llamar la atención sobre los siguientes puntos:
1. La Comunión
en la mano debe manifestar, tanto como la Comunión recibida
en la boca, el respeto a la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
Por esto se insistirá, tal como lo hacían los
Padres de la Iglesia, acerca de la nobleza que debe tener en
sí el gesto del comulgante. Así ocurría
con los recién bautizados del siglo IV, que recibían
la consigna de tender las dos manos haciendo "de la mano izquierda
un trono para la mano derecha, puesto que ésta debe recibir
al Rey" (6ª catequesis mistagógica de Jerusalén,
n. 21: PG 33, col. 1125, o también Sources chrét.,
126, p. 171; S. Juan Crisóstomo, Homilia 47: PG
63, col. 898, etc.).
2. De acuerdo
igualmente con las enseñanzas de los Padres, se insistirá
en el Amén que pronuncia el fiel, como respuesta a la
fórmula del ministro: "El Cuerpo de Cristo"; este Amén
debe ser la afirmación de la fe: "Cum ergo petieris,
dicit tibi sacerdos ‘Corpus Christi’ et tu dicis ‘Amen’, hoc
est ‘verum’; quod confitetur lingua, teneat affectus" (S. Ambrosio,
De Sacramentis, 4, 25: SC 25 bis, p. 116).
3. El fiel
que ha recibido la Eucaristía en su mano, la llevará
a la boca, antes de regresar a su lugar, retirándose
lo suficiente para dejar pasar a quien le sigue, permaneciendo
siempre de cara al altar.
4. Es tradición
y norma de la Iglesia que el fiel cristiano recibe la Eucaristía,
que es comunión en el Cuerpo de Cristo y en la Iglesia;
por esta razón no se ha de tomar el pan consagrado directamente
de la patena o de un cesto, como se haría con el pan
ordinario o con pan simplemente bendito, sino que se extienden
las manos para recibirlo del ministro de la comunión.
5. Se recomendará
a todos, y en particular a los niños, la limpieza de
las manos, como signo de respeto hacia la Eucaristía.
6. Conviene
ofrecer a los fieles una catequesis del rito, insistiendo sobre
los sentimientos de adoración y la actividad de respeto
que merece el sacramento (cf. Dominicae cenae, n. 11).
Se recomendará vigilar para que posibles fragmentos del
pan consagrado no se pierdan (cf. S. Congregación
para la Doctrina de la Fe, 2 de mayo de 1972: Prot. n. 89/71,
en Notitiae 1972, p. 227).
7. No se
obligará jamás a los fieles a adoptar la práctica
de la comunión en la mano, dejando a cada persona la
necesaria libertad para recibir la comunión o en la mano
o en la boca.
Estas normas, así como las que se dan
en los documentos de la Sede Apostólica citados más
arriba, tienen como finalidad recordar el deber de respeto hacia
la Eucaristía, independientemente de la forma de recibir
la comunión.
Los pastores de almas han de insistir no solamente sobre las
disposiciones necesarias para una recepción fructuosa
de la Comunión -que, en algunos casos exige el recurso
al sacramento de la Penitencia-, sino también sobre la
actitud exterior de respeto, que, bien considerado, ha de expresar
la fe del cristiano en la Eucaristía.
Dado en la Congregación
para el Culto Divino, el 3 de abril de 1985.
(† Agustin Mayer, o.s.b.)
Arzob. tit. de Satriano
Pro-Prefecto
(† Virgilio Noè)
Arzob. tit. de Voncaria
Secretario
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Notificación
de 3 de abril de 1985 de la Congregación para el Culto Divino
acerca de la comunión en la mano |
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