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El Papa advierte a los Estados que manifestar
en público la fe no disminuye su legítima autoridad
Autor: Juan Vicente Boo. Publicado en Abc, Madrid,
9 de octubre de 2004.
Juan Pablo II invita a los cristianos a «testimoniar
con más fuerza la presencia deDios en el mundo y a llevar
con la frente alta los signos de la fe»
Roma. Saliendo al paso de Gobiernos
como los de España o Francia, que no logran encontrar un
punto de equilibrio, Juan Pablo II calificó ayer de erróneo
«pensar que las referencias públicas a la
fe puedan menoscabar la legítima autonomía
del Estado y de las instituciones civiles, o que promuevan actitudes
de intolerancia». En otras palabras, que las políticas
hostiles a la religión se apoyan en argumentos
falsos.
En su carta apostólica «Señor,
quédate con nosotros» sobre el Año Eucarístico
mundial que se celebrará del próximo 17 de octubre
al 29 de octubre de 2005 y que fue presentada ayer, el Papa invita
a los cristianos a «testimoniar con más fuerza la
presencia de Dios en el mundo y a llevar con la frente alta los
signos de la fe. La Eucaristía promueve una cultura del
diálogo», del respeto a los demás y de ayuda
a los más débiles.
«Actitudes de intolerancia»
El Santo Padre considera equivocado «pensar
que las referencias públicas a la fe pueden menoscabar
la legítima autonomía del Estado y de las instituciones
civiles, o que promuevan actitudes de intolerancia». Recordando
su petición de perdón del año 2000, el Papa
añade que «si a lo largo de la historia no han faltado
errores en estas materias por parte de los creyentes, como ya
reconocí durante el Jubileo, esos errores
no se deben a las raíces cristianas sino, por el contrario,
a la incoherencia de los cristianos respecto
a sus raíces».
Subrayando que los actos violentos en nombre de
Dios -como las Cruzadas o el ajusticiamiento de herejes- no eran
conformes al Evangelio sino todo lo contrario, Juan Pablo II afirmó
que «quien aprende a dar las gracias («eucaristía»
en griego) como Cristo en la Cruz, podrá ser un mártir,
pero nunca un verdugo».
El Pontífice elogiado mundialmente como
defensor de los derechos humanos no admite que se intente limitar
un aspecto fundamental de la libertad con argumentos
falsos o acusaciones que pertenecen a tiempos pasados. La Iglesia
católica prefiere los Estados laicos,
pero no tiene nada que objetar a los Estados confesionales como
son la mayor parte de los del Norte de Europa, el Reino Unido
o algunos países musulmanes. El Papa defiende con todas
sus fuerzas la libertad religiosa de los individuos
de cualquier creencia y su derecho a manifestarla en público
sin ser víctimas de hostilidad gubernamental.
Hace unos días acudieron a darle las gracias
siete pentecostales, ahora ciudadanos americanos, que lograron
salir de la Unión Soviética hace veinte años
con ayuda de la Iglesia católica. En numerosas ocasiones,
la Santa Sede ha denunciado la violencia contra judíos,
hindúes o musulmanes, defendiendo el derecho a practicar
su religión en público.
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