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La
Instruccion Dignitas Connubii sobre los procesos de nulidad
de matrimonio
Ha tenido lugar del 24 al 26 de octubre de 2005,
en la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad de
Navarra, el XXIV Curso de Actualización en Derecho
Canónico, que este año ha tratado sobre
las novedades introducidas por la Instrucción Dignitas
Connubii. Han intervenido expertos -profesores y
miembros de Tribunales eclesiásicos- de varios países.
Sentencias justas y rápidas
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Alegoría de la justicia.
Ayuntamiento de Tarazona (España) |
Según Mons. Joaquín Llobell, referendario
del Tribunal Supremo de la Signatura Apostólica y magistrado
de la Corte de Apelación Civil del Estado Vaticano, "todo
proceso de nulidad busca dos finalidades que parecen contradictorias:
que sea justo, que haya justicia; y que se haga
lo antes posible. Por esto, resulta injusto tanto
prolongar o tardar mucho en elaborar o dictar una sentencia -en
ocasiones 7 años- como llegar a desnaturalizar el proceso."
Así lo afirmó Mons. Joaquín Llobell en la
jornada de clausura.
El experto, también profesor de la Pontificia
Universitad de la Santa Cruz (Roma), concretó que "en
Estados Unidos no se tiende a demostrar la nulidad sino a mostrar
que un matrimonio ha fracasado; así la media de los procesos
es de tres meses. Pero la cuestión estriba en decir si
en el momento en que se celebró fue nulo o no. Además,
no basta asegurar que fue nulo, sino demostrarlo. Por esta razón,
un proceso de nulidad lleva tiempo y es complejo". Además,
señaló que "la sentencia de un Tribunal
no es constitutiva, no rompe nada, es declarativa:
dice lo que ya había, si un matrimonio fue o no nulo".
Monseñor Llobell subrayó que "la
indisolubilidad del matrimonio -se vio claramente con Juan Pablo
II- es de gran importancia para la vida de la Iglesia y de la
sociedad. La Iglesia, por eso, quiere y está agilizando
los procesos, pero lo que no puede es permitir que se
cometan abusos y se llegue a desnaturalizar su carácter
declarativo. Con la nueva Instrucción "Dignitas
Connubii" se han logrado manifestaciones de agilidad,
como la doble conformidad".
Al referirse a la formación de los jueces,
indicó que deben tener capacidad, buena formación
técnica y tiempo. "A veces, no es un problema de leyes
sino de personas. Por esto, quizá, ante la falta de sacerdotes
una solución posible es que se nombren jueces a personas
laicas."
Comunión y nulidad matrimonial
El Sínodo de Obispos de octubre de 2005,
centrado en la Eucaristía, ha tratado también las
nulidades pues, según Joaquín Llobell, "hay
un número elevado, que irá a más, de católicos
divorciados vueltos a casar que no pueden comulgar al estar en
pecado mortal. Para volver a comulgar existen
las siguientes soluciones: separarse una vez que se han vuelto
a casar; cuando existen motivos que desaconsejen el matrimonio,
pero viviendo como hermano y hermana; y que el primer matrimonio
se declare nulo: solución más solicitada, pero no
sencilla."
"Además, no podemos pretender ser
buenos cristianos y sacar adelante una relación matrimonial
sin aceptar las exigencias que trae consigo,
y de las que en ocasiones somos los responsables. Estas dificultades
y sacrificios tienen su sentido -como explica Benedicto XVI-,
y no implican la nulidad de un matrimonio. Un fracaso matrimonial
no hace que ese matrimonio sea nulo. Así, no se soluciona
este problema, sino que se crea uno mayor: la introducción
del divorcio en la Iglesia."
La estabilidad matrimonial
Según el experto Javier Otaduy, profesor
de la Universidad de Navarra "cabe el peligro de
que todos los matrimonios parezcan nulos, cuando se pretende
que el consentimiento matrimonial sea perfecto; así no
queda ningún matrimonio válido porque ese consentimiento
nunca existe. No hay hombres y mujeres perfectos. Si se saca de
quicio la libertad y la responsabilidad que merece el acto de
contraer matrimonio podemos no encontrar ninguno suficiente".
Así lo aseguró el canonista Javier Otaduy, profesor
de la Universidad de Navarra.
"La diferencia entre matrimonio nulo
y divorcio es completa. Matrimonio nulo quiere decir
matrimonio que no se constituyó, que en el momento en que
se realizó tenía una grave anomalía que no
le permitía nacer como matrimonio. El juez lo que hace
es declarar esa nulidad. No disuelve nada. Son procesos de declaración
de la nulidad. El divorcio no tiene nada que ver con esto como
concepto: Es la ruptura del vínculo matrimonial por voluntad
de las partes".
El canonista Otaduy consideró que en "Europa
se llevan a los tribunales eclesiásticos aproximadamente
una tercera parte de las causas que se presentan en Estados Unidos.
Porque la estabilidad matrimonial quizá
sea superior en Europa, pero la cultura del matrimonio y de familia
está más viva en Estados Unidos".
Rupturas debidas a la pérdida del sentido
del compromiso
Al hablar del aumento de las rupturas
matrimoniales el especialista explicó: "Es
muy importante la detección precoz. Cuando una ruptura
es definitiva hay poco que hacer. Lo importante es resolver las
pequeñas dificultades, o grandes, pero cuando están
en situación de decepción, no de fracaso. Frecuentemente
-continuó- se identifica hoy fracaso matrimonial con nulidad
porque la gente no sabe muy bien lo que es una cosa y otra".
Pero aseguró que también hay que tener en cuenta
que "la felicidad es consecuencia de una vida de entrega
y de virtud. Muchas rupturas se deben a esto, a que hemos perdido
de vista el compromiso y la grandeza del peso de la vida".
Sobre el modo de evitar o disminuir el
número de rupturas y nulidades matrimoniales comentó
que no es lo mismo una ruptura que una nulidad. "Se trata
de estimular una cultura de la unión y desprestigiar la
ruptura. Así como está desprestigiada la violencia
doméstica debería desprestigiarse la violencia contra
el matrimonio", según el profesor de la Universidad
de Navarra.
Al hablar de iniciativas legislativas que favorecen
el divorcio rápido, aseguró: "Una ley que establece
que el pacto matrimonial dura lo que decidan los contrayentes,
cada uno por su cuenta, debilita y se ríe de los conceptos
de matrimonio y de familia".
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