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De
la irreverencia a la persecución
Artículos relacionados: La
amenaza del fundamentalismo islámico a la libertad religiosa,
y
Los cristianos sufren
persecución religiosa en numerosos países.
Autor: José Francisco Serrano Oceja
Publicado
en Libertad Digital,
5
de abril de 2006.
El profesor Andrea
Riccardi ha dicho, el pasado fin de semana en Madrid, que la
Iglesia lleva la globalización en sus
cromosomas. Las dimensiones del mundo, las medidas de lo físico
y de lo humano, la conciernen y la implican. El camino del hombre
es el camino de la Iglesia.
Sin embargo, con demasiada frecuencia los
cristianos nos olvidamos del sufrimiento de nuestros hermanos
en la fe a causa de una deficiente comprensión de lo religioso, de una extraña
renuncia a la comunión con quien sufre.
A los cristianos nos ha pasado no poco
que, como ha recordado el fundador de la Comunidad de San Egidio, "estamos en un
tiempo en el que el pan y la paz de los demás interesan
relativamente poco. Estamos en un tiempo en que cambiar el mundo
interesa poco. Al hombre y a la mujer del 68 y de los años
sucesivos, sumergidos en un prometeico voluntarismo que les empujaba
a creer que podían cambiar deprisa el mundo, les ha seguido
gente concentrada en la fatiga de vivir, que se reconoce impotente
para incidir en la historia".
La globalización de la vida cristiana, y los valores
subyacentes cimentados en la inviolable dignidad de la persona,
está amenazada. George Steiner describió nuestra época
como "la era de la irreverencia". La separación
de lo sagrado y lo profano, efecto de la imparable secularización,
ha hecho que no pocos confundan, desde posiciones profanas, lo
sagrado y lo conviertan en objeto de mofa y escarnio público.
También hay otro mundo, numeroso, cuantioso, que aún
no ha marcado los límites de esta separación y
vive bajo la imposición de lo sagrado sobre lo profano.
Este mundo tiene una pretensión sistemática de
conquista de los espacios. Un atentado a lo sagrado supone un
atentado a lo civil, profano, y, por tanto, debe ser objeto de
reacción y exterminio.
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Fachada de la Universidad
de Alcalá (España) |
Vayamos a los ejemplos del proceso en el
que nos encontramos: de la irreverencia a la persecución. En Argelia acaba
de ser aprobada en el Parlamento una ley que prohíbe con
multas y cárcel las actividades conducentes a pretender
convertir a un musulmán a otra religión. Se prohíbe
y penaliza no sólo cualquier culto fuera de los edificios "previstos
para ello", también la fabricación y distribución
de materiales que "minen la fe de los musulmanes".
Marruecos no es un país diferente. Aunque se reconoce
teóricamente la libertad de culto, el Código Penal
castiga con penas no precisamente disuasorias el intento de que
un musulmán abandone su fe para abrazar otra. Las Iglesias
católica y protestante poseen un estatuto legal autónomo,
pero sólo pueden atender a extranjeros. Las iglesias católicas
están abiertas al público; poseen centros culturales,
en los que se enseña el Corán. Cuando un joven
de clase media universitario se convierte no es la policía
la que suele perseguirlo, sino la familia, los vecinos, el entorno
social.
Arabia Saudí es el ejemplo de un Estado en que la práctica
de una religión distinta a la oficial puede acarrear problemas.
Está prohibido cualquier culto público que no sea
el del Islam. Un musulmán que se convierta a otra religión
podría ser condenado. No existe la libertad religiosa,
tal y como la entendemos en Occidente.
Otro caso, el del país más "laico" del
mundo islámico, Turquía, a las puertas de su ingreso
en la Unión Europea. Recientemente, el vicario apostólico
católico para Anatolia, monseñor Luigi Padovese,
señalaba que "la situación de los cristianos
en Turquía es cada vez más difícil, y el
miedo crece". El asesinato del sacerdote italiano Andrea
Santoro no debe hacernos olvidar que quien le disparó lo
hizo al grito de "Alá es grande". No se trata
de un momento de ebullición de un sentimiento antioccidental,
pues, según monseñor Padovese, "los cristianos
son acusados de hacer proselitismo y de atentar contra la identidad
de una tierra que debe seguir siendo 'turca y musulmana'. Es
una acusación que coincide con los ataques de los círculos
nacionalistas y de grupos islámicos radicales. Los católicos
de diversos ritos son 30.000 dentro de una población de
70 millones".
¿Qué daña más la imagen de los musulmanes,
las caricaturas de su profeta o las fotografías de los
cristianos perseguidos en algunos países islámicos?
Desde que ocurrió aquel primer "choque de civilizaciones" que
fueron las reacciones a la publicación de las viñetas
de Mahoma, hay quienes contemporizan con el proceso de ilustración
dentro del Islam y se llevan las manos a la cabeza porque los
motivos religiosos desencadenen una crisis política y
social. Para comprender lo que les ocurre a ciertos seguidores
del Islam no hay mejor punto de partida que entender la dimensión
trascendente del hombre y el desarrollo de la fe, que afecta
a todos los ámbitos de la vida.
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"con
demasiada frecuencia los cristianos nos olvidamos del sufrimiento
de nuestros hermanos en la fe a causa de una deficiente comprensión de lo religioso, de una extraña
renuncia a la comunión con quien sufre". |
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