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La forma extraordinaria del matrimonio canónicoDesde el Concilio de Trento se exige una determinada forma del matrimonio para que el vínculo sea válido: hasta ese momento, todo intercambio de consentimiento matrimonial, constituía verdadero matrimonio en la Iglesia. El Concilio de Trento, por razones de seguridad jurídica y otras, indicó que solo el consentimiento prestado ante el párroco del lugar era válido para constituir matrimonio.

El sistema emanado del Concilio de Trento no había previsto el supuesto en que a los contrayentes les fuera imposible acudir al párroco. La cuestión se planteó en los países de misión, donde eran escasos los sacerdotes, y en otros lugares en los que había persecución religiosa o al menos discriminación a los católicos, y por ello no había párroco o era inaccesible. Desde 1586 la Santa Sede dio respuestas particulares y desde 1602 se dio una norma general. Es lo que ahora llamamos forma extraordinaria, que ha permanecido en sus elementos esenciales hasta hoy.

El matrimonio por procurador o por poderesEn la Iglesia Católica es posible contraer matrimonio por procurador: esta forma de consentimiento matrimonial es la que se conoce con la expresión matrimonio por poderes, que no se usa en el derecho canónico pero es habitual en el lenguaje coloquial.

Esta forma matrimonial era practicada con cierta frecuencia en otras épocas en que los viajes eran más difíciles, pero cayó en desuso por las mejoras de las condiciones actuales. La Iglesia, al promulgar el actual Código de Derecho Canónico en 1983, no quiso abandonarla. En los últimos años se ha visto un cierto resurgir del matrimonio por procurador (siendo, aun así, infrecuente) ocasionado por el aumento de las migraciones internacionales y la facilidad que da internet para conocerse a través de redes sociales, combinado con el endurecimiento de la política de visados de entrada de algunos países. Si dos personas residentes en distintos países quieren contraer matrimonio pero no les es posible reunirse en la nación donde desean hacerlo, pueden contraer matrimonio por procurador.

El delito de encubrimiento de abusos a menoresPor encubrimiento, en el contexto de los abusos a menores, se suele denominar a la actitud de los superiores eclesiásticos (y eventualmente de otros compañeros de los sacerdotes abusadores, no necesariamente sus superiores) por la que callan los delitos cometidos de que tienen conocimiento. En la Iglesia se ha extendido esta denominación a causa de la crisis de abusos sexuales a menores de edad de los últimos años, puesto que una de las acusaciones contra los Obispos y sacerdotes era que encubrían a los clérigos si les llegaban denuncias de estos crímenes.

En términos canónicos no existe el delito de encubrimiento. Esto no quiere decir que esté permitido encubrir a delincuentes. Los ordenamientos jurídicos han determinado la institución de la complicidad, y además se suele establecer la obligación de denunciar a quien tenga conocimiento de la comisión de ciertos delitos. El término encubrimiento responde más a una necesidad de los medios de comunicación de englobar en una palabra la actitud de ocultar a delincuentes.

En el supuesto de enfermedades contagiosas, y especialmente en el época de epidemia, una duda que surge es el modo de administrar la unción a enfermos. En efecto, los enfermos de otras enfermedades pueden sentirse temerosos de que el sacerdote le toque directamente con su mano, y el propio sacerdote debe cuidarse. Ello no solo por la debida atención a su propia salud, sino aún más para poder seguir administrando los sacramentos a otras personas. Además en muchos lugares puede haber normas de la autoridad sanitaria que impongan el distanciamiento social.

Por ello, es razonable e incluso aconsejable que el sacerdote no asuma riesgos innecesarios. En esos casos surge la duda: ¿cómo se administra la unción de enfermos en épocas de epidemia a cualquier enfermo, o en todas las épocas a enfermos de enfermedades contagiosas?

El Papa reforma los tribunales penales del Vaticano para darles independencia y agilidadA los seis meses de haber puesto al veterano fiscal antimafia Giuseppe Pignatone al frente del Tribunal del Vaticano, el Papa Francisco ha promulgado este lunes una reforma de los tres tribunales civiles y penales del pequeño Estado para darles independencia y agilidad.

Era una tarea urgente, vista la abundancia de graves delitos económicos en los últimos años y la necesidad de adaptarse a las convenciones internacionales. Al mismo tiempo favorece la reforma de la Curia en un aspecto «cultural» importante: quien cometa un delito no será sancionado por sus superiores eclesiásticos sino por un tribunal compuesto por magistrados civiles.

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